Apadrina el Órgano


Como decía san Agustín, “hay algunos que tanto ponderan y defienden la libertad que osan negar y hacer caso omiso de la gracia de Dios, mientras otros hay que cuando defienden la gracia de Dios, niegan la libertad” (ML 44,881). Toda la espiritualidad cristiana depende de cómo se entienda el binomio gracia y libertad, acción de Dios y colaboración del hombre.

La libertad es la potestad del hombre sobre sus propios actos. Ciertamente que el grado de libertad está en proporción con el grado de conocimiento y de consentimiento de nuestra voluntad y que la ignorancia, la pasión, el miedo, o la violencia pueden disminuir o anular la libertad personal y, por tanto, la responsabilidad. Pero lo que ahora más nos conviene es analizar las distintas posiciones que sobre la relación entre gracia y libertad se han dado en la historia de la espiritualidad cristiana.

Cuando santo Tomás intenta armonizar gracia y libertad advierte que Dios no sólo crea las criaturas, sino que también les concede su “modo de ser”, de tal forma que crea las criaturas irracionales y las destina a su fin a través del instinto, mientras que da el ser a la criatura racional y la destina a su fin concediéndole un “modo de ser” que radica en la libertad. Como puede ser compatible la acción de Dios y nuestra libertad es un gran misterio, pero puede entenderse mejor si observamos que la acción divina sobre nuestro ser “actúa desde dentro” de él, no desde el exterior. Dios no solo crea la libertad, sino que hace que sea libre en la media en que nos concede el desear y el obrar a la vez. De modo analógico es lo que ocurre cuando dos personas se aman. Ambas se condicionan mutuamente su libertad, pero ninguna de las dos percibe coacción o presión externa porque el mismo acto con se aman actúa desde el interior de la persona amada.

Esta armonía entre la acción divina por la gracia y nuestra libertad se ha visto a menudo amenazada por distintas tendencias que han consistido habitualmente en afirmar una parte del binomio dicho, olvidando otra. El pelagianismo y el voluntarismo afirman que somos libres y no necesitamos la gracia, mientras que el luteranismo y el quietismo afirman que no somos libres, pero necesitamos la gracia y finalmente el modernismo mantiene que ni somos libres ni necesitamos la gracia. Ante todas estas desviaciones la verdadera espiritualidad cristiana mantiene ambas afirmaciones de modo armónico: somos libres y necesitamos gracia.


25/08/2017 09:00:00