Se comprende que el hombre carnal tenga mal carácter, ya que la modalidad concreta de un carácter proviene de distintas fuentes. En primer lugar, del temperamento que es algo psicosomático, poco modificable y además suele estar herido por malas tendencias. En segundo lugar, del ambiente condicionante, generalmente malo o mediocre, y que desde niño ha sido asimilado consciente o, la mayor parte de las veces, inconscientemente. En tercer lugar, de la historia personal del pecado de cada uno que ha dejado muchas huellas y señales tanto en el alma como en el cuerpo; y por último, de la historia personal de la gracia recibida que aún está en proceso de construcción o desarrollo. Según esto, la ascesis del carácter viene a coincidir con la del sentido y del espíritu; sin embargo, presenta algunos aspectos particulares que merece la pena señalar.

1. El carácter es modificable y debe ser modificado profundamente en algunos aspectos. Las vidas de los santos nos muestran la fuerza de la gracia para modificar sorprendentemente el carácter inicial de las personas. La ascesis del carácter resulta en cambio imposible en quien se ve a sí mismo como irreformable: “Genio y figura hasta la sepultura”. Así será, si así lo cree.

2. La persona no debe solidarizarse con su propio carácter, aprobándolo en el fondo. No es raro captar en algunos que confiesan sus debilidades, deficiencias y pecados, una satisfacción y evidente complacencia, es decir, una simpatía cómplice con su propio modo de ser. En tal actitud éstos son incorregibles.

3. La persona no debe constituir nunca su carácter como principio de pensamiento y acción. Hay que pensar con la cabeza y no con el corazón, el hígado o los pies. La búsqueda de la verdad que se debe pensar o del bien que se debe hacer está condenada al extravío si la persona se deja condicionar por su modo peculiar de ser. Incluso si el modo en sí no es malo o es indiferente: ser lento o rápido, razonador o intuitivo, organizado o improvisador, inclinado a lo abstracto o a lo concreto. Todo eso da más o menos igual, tendrá ventajas para esto y limitaciones para aquello. Lo que estorba gravemente al hombre para la unión con Dios es “cuando se ase a algún modo suyo, o cualquier otra cosa u obra propia, no sabiéndose desasir y desnudar de todo ello” (San Juan de la Cruz, 2 Subida, 4,4). Eso es lo que frena y resiste la obra del Espíritu.

4. El propio carácter no debe ser impuesto a los demás como una norma universal. Esto hace un daño especial cuando la persona tiene autoridad -padre, párroco, maestro-. Este obispo tiene un carácter ordenado y meticuloso, y tiene su diócesis cuadriculada. Este padre de familia aborrece los viajes, y su familia está siempre quieta. Aquel trabaja rápidamente, y cuando colabora con otro que es más lento, es incapaz de moderar su ritmo, haciendo la acomodación conveniente etc.


25/05/2017 09:00:00