Apadrina el Órgano


Después de meses de trabajo intenso de limpieza y preparación de los espacios que antiguamente había ocupado el “esplai” parroquial, se ha preparado la sala de la exposición permanente que puede ser ya visitada por los peregrinos en los horarios que se encuentran en el atrio del templo.

Se trata de una larga galería, con cuatro salas que dan a las tribunas del templo donde podréis encontrar diversos objetos de interés que poco a poco se han restaurado y preparado cuidadosamente.

Una sala presidida por el pendón de la Hermandad de la Virgen de la Merced que cuenta también con diversos objetos y fotografías sobre acontecimientos de la historia de la Basílica o de la Hermandad y diversas ofrendas a la Virgen.

Otra sala, dedicada a San Pedro Nolasco, está presidida por dos esclavos de talla policromada de gran tamaño que se habían encontrado en las tribunas del templo y que han sido también restaurados con esmero junto con una fotografía del retablo del altar mayor, donde habían estado colocados en otros tiempos.

En la primera sala se puede encontrar el reloj reparado del antiguo campanario que hasta ahora se encontraba en el despacho de la Junta de la Hermandad, y donde podréis disfrutar de un magnífico audiovisual preparado con las últimas tecnologías que hoy nos permiten los drones.

Hay suficiente ofrendas significativas o atractivas así como fotografías, carteles de las fiestas, estampas antiguas, gozos de la Virgen, placas conmemorativas etc. Muy interesantes.
Todo ha sido posible gracias al esfuerzo constante y la generosidad discreta. Podéis ver más detalles en las informaciones que desde aquí podéis seguir.
 


Una aureola de la Virgen de la Merced

En 1888, la ciudad de Barcelona vivía un tiempo de bonanza económica y de una expansión cultural, artística e industrial que quedaron reflejadas con la celebración de la Exposición Universal. El 21 de octubre del mismo año, la Virgen de la Merced fue coronada canónicamente, y los fieles barceloneses expresaron su amor y agradecimiento a la patrona de la Ciudad de una manera generosa: más de 1.700 piedras preciosas y miles de pesetas para poder ofrecerle una nueva corona digna, un cetro y una aureola.

Las coronas - para Ella y para el Niño- las dibujó el joyero J.Planas y las realizó Jacinto Costa con oro, plata y las piedras preciosas y finas. En 1918, para conmemorar el 7º centenario del descenso de la Virgen en Barcelona, el obispo Enrique Reig Casanova regala a la Virgen una nueva corona de plata dorada, un nuevo cetro y una nueva aureola. Los avatares de la historia - en concreto la destrucción del templo en 1936 y la expoliación del contenido del cuarto de las joyas de la Virgen de la Merced- nos han impedido conocer cómo eran estos presentes. Mn.Jordi Farré y Muro, antiguo rector de la basílica, restauró una aureola plateada donde quedan algunas piedras empotradas (la calidad de las cuales está por analizar) que un par de ocasiones adornó el Niño Jesús por Navidad y, posteriormente quedó en desuso. No acabábamos de encontrar el sentido y el origen de esta hermosa pieza de orfebrería hasta que, recientemente, agrupando y estudiando objetos diversos repartidos por las diferentes dependencias del edificio, hemos encontrado elementos que permiten reconstruir trozos inéditos de historia de la basílica.

Este es el caso que nos ocupa: la de la aureola regalada por el Obispo Enrique Reig a la Virgen con motivo del 7º centenario, y del nombramiento de Basílica menor, por parte del Papa Benedicto XV. Observando detenidamente una imagen (fotografía de 1929) de la Virgen con la corona de 1888 y, detrás, una gran aureola de flores, enseguida identificamos la restaurada por Mn. Farré. Además, vemos que, entre flor y flor, hay un escudo y que cada uno de ellos es diferente.

Todos tienen la misma forma y tamaño, y coronados con su respectiva corona. Hay seis, de izquierda a derecha: el de la Catedral de Barcelona; el del Obispo (Enrique Reig, 1914-1920); el del Papa (Benedicto XV, 1.914-1922); el escudo Real de la Casa de Borbón; el escudo de la ciudad de Barcelona y, el último a la derecha, las cuatro barras de Cataluña.

En una vitrina del camarín ha estado expuestos durante muchos años - sin saber el origen- dos placas esmaltadas montadas en plata, con escudos diferentes: el papal y el pontificio. En un lugar seguro se guardaban otros dos elementos similares en su estructura: los escudos de Barcelona y de la cruz de la Catedral de Barcelona.

Al observar detenidamente cada una de estas joyas me premios comprender que las cuatro formaban parte decorativa de dicha aureola. Desgraciadamente faltan dos piezas importantes: el escudo de Cataluña y el de España. Si bien en la imagen que nos sirve de referente vemos el escudo de la Ciudad de Barcelona, nosotros tenemos el de la Merced, que no se ve en la imagen.

Lo que no sabemos es cómo y por qué se desmembró la joya, como se conserva una parte, ni dónde son las partes que faltan y si, durante el paso del tiempo, ha habido otras intervenciones. Todo ello es una historia curiosa, en espera de poder concluirla más adelante.

Mª Luisa Camarero, benévola de la Basílica de la Merced, 23 de enero

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