Memoria

 
EL LOGO Y EL LEMA DEL JUBILEO
 

El lema Misericordiosos como el Padre nos propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre, que pide no juzgar y no condenar, sino perdonar y amar sin medida. El logo nos muestra una imagen muy apreciada en la Iglesia antigua: el Hijo carga sobre sus hombros al hombre extraviado. Destaca el Buen Pastor que toca en profundidad la carne del hombre, con un amor capaz de cambiarle la vida. El Buen Pastor con extrema misericordia carga sobre sí la humanidad, y sus ojos se confunden con los del hombre. Cristo ve con el ojo de Adán y éste lo hace con el ojo de Cristo. La escena se coloca dentro de la mandorla -figura importante en la iconografía antigua y medieval- evocando las dos naturalezas, divina y humana, en Cristo. Los tres óvalos concéntricos, de color progresivamente más claro hacia el exterior, sugieren el movimiento de Cristo que saca al hombre fuera de la noche del pecado y de la muerte. Por otra parte, la profundidad del color más oscuro sugiere también el carácter inescrutable del amor del Padre que todo lo perdona.

CELEBRACIONES JUBILARES

 
El 13 de diciembre de 2015 el cardenal Lluís Martínez Sistach presidió el acto de apertura de la Puerta Santa de la Catedral de Barcelona, que simboliza el inicio en la archidiócesis del Año Jubilar de la Misericordia, instaurado por el papa Francisco. El Cardenal y entonces Administrador Apostólico de Barcelona firmó el decreto por el cual “en nuestra archidiócesis también son templos jubilares, además de la Catedral, la Basílica de la Virgen Señora de la Merced, de Barcelona, la Basílica del Sagrado Corazón del Tibidabo, de Barcelona, y la Basílica de Santa María, de Mataró.”Con este decreto se daba cumplimiento al deseo del Papa Francisco de que “el don de la misericordia de Dios llegue a todas las personas” y significó para nuestra Basílica un magnífico don que enseguida fue acogido y celebrado por todos. La Bula de indicción del Jubileo preveía que la puerta santa pudiese “ser abierta también en los Santuarios, meta de tantos peregrinos que en estos lugares santos con frecuencia son tocados en el corazón por la gracia y encuentran el camino de la conversión.”Desde este momento, todos -sacerdotes y fieles- nos encontramos comprometidos a “vivir este Año Santo como un momento extraordinario de gracia y de renovación espiritual.” Quisiera señalar en primer lugar,

LOS ACTOS ORDINARIOS DEL JUBILEO:

Se reforzaron los horarios de Adoración al Santísimo, -especialmente los martes y jueves-. Estos momentos de silencio adorador eran los pulmones por los que respirábamos la misericordia divina. Se acogió con mayor piedad el Rezo del Rosario, tanto de forma individual como comunitaria. Todos los domingos a les 10,30, se rezó el rosario, al cual se unían cuantos peregrinos lo deseaban, ya que “la forma más sencilla y directa que la piedad popular nos ha enseñado de invocar la misericordia de Dios a través de la intercesión de la Virgen María es en la práctica del Rosario”. “Cuando se recita el rosario nos dejamos guiar - como peregrinos - del rostro materno de aquella que primero que todos ha experimentado la misericordia del Padre”.

La Peregrinación fue el eje fundamental por el cual recibíamos la gracia del Jubileo. “Para obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, (…) como signo del deseo profundo de auténtica conversión.” (Bula). Miles de fieles han atravesado de forma individual la Puerta Santa de la Basílica y también muchos grupos, parroquias, arciprestazgos, colegios etc. lo han hecho de forma comunitaria. La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. “Atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros.”

Todos los domingos los grupos de peregrinos eran normalmente acogidos en las Misas de 11 o de 12 con especial mención de su procedencia y de sus particulares intenciones de oración. Y todas las Eucaristías -junto a los sacerdotes que les acompañaban- terminaron siempre con la oración jubilar. Otros grupos prefirieron programar previamente su peregrinación.

Así lo hicieron: - Grupo salesiano (6/II) - Grupo de oración y amistad (13/II) - Grupo de oración Salve 2005 (16/II) - Peregrinos de diócesis francesas (24/II) - Peregrinos de Barcelona (25/II) - Parroquia de Corpus Christi de Barcelona (12/III) - Escuela del Ferrol (6/IV) - Peregrinos (9/IV) - Arciprestazgo de Torrassa-Collblanc de Barcelona (17/IV) - Arciprestazgo Poble Nou (Barcelona) 7/V - Colegio Canigó (12/V) - Parroquias Sta Maria Magdalena y San Sebastián de Barcelona (14/V) - Grupos de jóvenes de Badalona (19/VI) - Grupos Emaús (3/VII) - Grupos de jóvenes JMJ (2/VIII) - Grupos de peregrinos de Bolonia (22/VIII) - Parroquia St. José Manyanet (1/X) - Grupo de peregrinos de Barcelona (12/X) - Arciprestazgo San José Oriol (15/X) - Movimiento cristiano MCP (29/X) - Parroquia Sant Pius X de Barcelona (5/XI) - Parroquia de Santa Dorotea de Barcelona (12/XI) - Arciprestazgo de Roquetas de Barcelona (12/XI)

La bula de indicción del Papa Francisco nos animaba también a la contemplación de la Misericordia divina. “Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado.

A ello dedicamos durante este año los retiros que trimestralmente ofrece el Santuario los sábados por la mañana. Efectivamente el ciclo de retiros "Un Oasis en la ciudad" fueron especialmente dedicados a contemplar las parábolas de la misericordia, el sacramento de la penitencia, las obras de misericordia, los santos de la misericordia, etc. Junto a los retiros se programaron también unos Talleres de la Misericordia, encomendados especialmente a los fieles devotos del santuario de Shöenstat, -presentes en nuestra Basílica jubilar-, y que hicieron especial hincapié en los temas propios del Jubileo.

En segundo lugar, quisiera destacar LAS CELEBRACIONES EXTRAORDINARIAS DEL AÑO JUBILAR, y de modo particular la celebración extraordinaria del perdón, y el Jubileo de los “sin voz”.

Efectivamente el viernes 1 de abril, tuvo lugar en la Basílica la inauguración del Congreso COR IESU, VULTUS MISERICORDIAE con la ponencia inaugural: “Dios, rico en Misericordia”, presentada por Mons. Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba. Durante la Hora Santa que se convocó a continuación se celebró especialmente el sacramento de la Penitencia.

“Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre.”, afirma el Papa. ¡Qué hermoso ver cómo tantos penitentes se acercaban a la fuente del perdón misericordioso del Padre! Tras la celebración de la Santa Misa se veneraron las reliquias de santa Teresita y de sus padres, hermosamente dispuestas en el presbiterio del templo.

El día 30 de abril, tuvo lugar también un encuentro catequético con jóvenes organizado por la Delegación de jóvenes del obispado. El papa había recordado a los jóvenes: “No preparéis sólo mochilas y pancartas, preparad especialmente vuestro corazón y vuestra mente. Meditad bien los deseos que presentaréis a Jesús en el sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía que celebraremos juntos.”

Otro jubileo extraordinario que dejó grato recuerdo fue el “Jubileo de los sin voz” que tuvo lugar el sábado 21 de mayo y que fue coordinado por los Hermanitos del Cordero, que residen en la Basílica. En la misma plaza se dio la acogida de los sin techo por parte del arzobispo y sacerdotes de varias comunidades especialmente dedicadas a los más pobres: Hermanitas del Cordero, Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta, Siervas de Jesús del Cottolengo del Pare Alegre etc.

"Es la Puerta de la casa de la madre que nos lleva al abrazo con su hijo Jesús, que murió por todos", dijo nuestro obispo al pasar la Puerta Santa. "Es un signo de que un día todos nosotros tendremos que entrar por una puerta muy grande, que es la del Cielo". Y recordó un verso de un poema de Miguel de Unamuno en el que dice:"Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar. La hicieron para los niños, yo he crecido a mi pesar. Si no me agrandas las puertas, achícame por piedad. Vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar”.

Después de una solemne Eucaristía presidida por el nuevo arzobispo, y de una merienda fraternal coordinada por los jóvenes de San José, los más pobres presentaron en el interior del templo el teatro de la misericordia: una representación en la que ellos fueron los protagonistas. “¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos.”, decía el Papa. Fue un especial momento de gracia en la que los pobres no eran destinatarios de nuestra ayuda sino hermanos junto a hermanos que imploramos el perdón de Dios.

El domingo 22 de mayo celebramos también el Jubileo de los voluntarios de la misericordia con una solemne eucaristía en la que participaron los hermanos y hermanas de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced y los voluntarios de la Basílica. Los protagonistas de este evento fueron los que diariamente están cerca y atienden a los demás.

El domingo 19 de junio fue la orden de Nuestra Señora de la Merced quienes celebraron su Jubileo. Atravesando la puerta santa, los mercedarios nos hicieron revivir la perenne misión de la obra de la Redención, que está en los mismos orígenes de la Basílica jubilar. “María está siempre junto al Redentor. La devoción, pues, a María de la Merced ha nacido en la Iglesia a raíz de la misión redentora de los mercedarios.” La eucaristía comenzó en las afueras de la Basílica, con unas palabras del Provincial de los mercedarios de Aragón, José Juan Galve, luego de una breve monición se leyó el evangelio de Mt. 25 y en procesión se atravesó la Puerta Santa para ganar indulgencia en el año de la Misericordia.

A la celebración asistieron mercedarias de las comunidades de Barcelona. Curia General, San Gervasio, Sant Llorenç, Martorell, Provenza; también feligreses de las parroquias de los mercedarios en Barcelona. Finalizada la eucaristía hubo un compartir en las afueras de la Basílica.

En la vigilia de la Solemnidad de la Virgen de la Merced quisimos especialmente celebrar a María como Madre de Misericordia. Durante un rato de oración con interludios musicales, el silencio, la paz y la especial protección de nuestra Madre llenó el corazón de cuantos llenaron completamente el santuario. “El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.”, afirmaba el Papa.

El domingo 13 de noviembre se celebró una Eucaristía de acción de gracias por todos los beneficios obtenidos a lo largo del Jubileo y a continuación un breve concierto de canto coral mariano. El 20 de noviembre el Papa clausuró la Puerta Santa en la Basílica de San Juan de Letrán y en las otras Basílicas de Roma, al mismo tiempo que se clausurará la Puerta Santa en las Catedrales del Mundo. El Jubileo llegó a su recta final, concluyendo así un Año Santo que nos habrá permitido redescubrir en la vida de cada día la misericordia que desde siempre el Padre dispensa hacia nosotros.


ORACIÓN

Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él. Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación. Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero; a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición, y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido. Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana: ¡Si conocieras el don de Dios! Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia: haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso. Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios. Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos y restituir la vista a los ciegos. Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

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