¡María, Merced de Libertad!

María de la Merced porta cadenas en las manos, pero rotas, quebrantados los grilletes. Dos veces se proclama esclava del Señor. Como sumisa a los designios de Dios sobre ella cuando recibe el mensaje del ángel; como asombrada cuando canta en alabanza y profecía los proyectos del Altísimo en la historia de la salvación. Es la jovencita admirada de que Dios cuente con su pequeñez; la rendida al Señor, que la quiere para madre del Siervo de Yahvé y de la humanidad caída por la soberbia y regenerada por la humildad. Se hace Servidora del gran Servidor Cuando se manifiesta a Nolasco, lo invita a ser su instrumento.

Y le requiere lo mismo que diera Ella, rendimiento total, disponibilidad absoluta. Nolasco y los frailes que sigan su causa, harán voto de pobreza, entregando sus haberes, sus posibilidades, sus talentos a los cautivos; de castidad, centrando sus afectos enteramente en los esclavizados; de obediencia, para constituir una conjuración aguerrida conspiradora de libertad; de dar la vida, porque nada vale la entrega si se reserva la existencia.

El hombre se útil únicamente cuando arrostra el riesgo de perecer en el intento. Cuando se haba jurado ante el altar de santa María estar siempre dispuesto alegremente a dar la vida, si fuere menester, como Cristo la dio por nosotros, para la redención de los cautivos, sacándolos del poder de los sarracenos y de otros enemigos de nuestra fe... se alcanza el cénit de la libertad. Cuaja la absoluta disponibilidad, al igual que María cuando pronuncia ante el ángel sus votos, hágase en mí. Ser libre, vivir rescatado no es nada fácil. María de la Merced nos enseña, mostrando las cadenas rotas: Supone vivir la buena Noticia que trasforma, desde la adhesión total en tono profético; meter en la vida cercanía, amistad, sencillez, cariño; sentirse portador de Dios; regocijarse por los propios pasado y presente sin resentimientos ni fracasos, ni amarguras; convencerse de que Dios no se enoja; confirmarse en la gestación de Dios padre- madre que reportará el triunfo total, con las bodas de Cordero, del aleluya cósmico Veamos en toda esta metamorfosis, personal, mundial, cósmica a María redentora. De blanco sonriente, mostrando los grillos rotos...

Es la Mujer del Apocalipsis.
 
FR. JOAQUÍN MILLÁN

08/12/2016 09:00:00