El 26 de Marzo, dentro del cicló de conciertos que organiza la Inspección General del Ejército, tuvo lugar en la Basílica de la Mercè el concierto de Semana Santa. A él acudió el Sr. Cardenal, el Teniente General, Inspector general del Ejército y diversas autoridades Civiles y eclesiásticas.

Es de destacar el hecho de dedicar este magnífico concierto en “honor a las víctimas del accidente aéreo ocurrido recientemente en los Alpes franceses” y las acertadas palabras del General que, al finalizar el acto quiso subrayar las buenas relaciones históricas, de amistad y vecindario que desde hace siglos unen la Basílica a Capitanía general.

El concierto magníficamente dirigido por D. Armando Bernabeu Lorenzo versó sobre diversas obres propias de estos días Santos. Marchas de cofradías y hermandades. Entre ellas cabe destacar las del maestro Ricardo Dorado, con cuyo “cordero de Dios” se cerró el acto.

Ricardo Dorado fue un compositor coruñés nacido en 1907 y fallecido en 1988. Suyas son también, entre otras, "Mater Mea", "Altare Dei" o "Getsemaní". “Cordero de Dios” comienza con una serie de acordes en una estructura coral de una riqueza armónica fuera de lo común.

Solemnidad y misterio, dos connotaciones esenciales a la idea de trascendencia, se combinan de forma magistral en esta introducción que, por sí sola, valdría a Ricardo Dorado el derecho a figurar entre los más grandes creadores del género. Comprobamos que la música llega a donde no llega la palabra ni tan siquiera el pensamiento. Un poderoso "crescendo" culminado por los metales, y el sonido se pierde enseguida dando paso a una hermosísima línea melódica de la madera. Esta estructura soberbia se repite y nos transporta, con elegancia insuperable. Sólo entonces comienza, propiamente dicho, el ritmo de marcha.

El tema es, simplemente, perfecto. Una melodía deliciosa, emotiva y llena de intensidad contenida se despliega ante nosotros, acompañada la primera vez con un elegante contrapunto de trompetas. La luminosidad inicial da paso al misterio, gracias a una melodía melancólica y enigmática en menor. La segunda parte de esta sección, desarrollada en "forte", sobrecoge al oyente por su fuerza y le deja en suspenso en un último compás en que la música se extingue de pronto como el despertar de un sueño.

 


31/03/2015 09:18:00