De un tiempo a esta parte, en el templo Basílica de la Virgen de la Merced, se celebran cuatro- sólo cuatro- retiros anuales abiertos a feligreses y peregrinos. Tienen lugar el sábado por la mañana. Comienzan a las 10.00 con la oración de la Iglesia. Los salmos. Muy parecida a como rezan conventualment los monjes y monjas en todo el mundo. Seguidamente el Sr. Rector dirige unas palabras reflexivas al pueblo de Dios congregado. Y comienza el rato de meditación personal.

A las 11.00 se celebra la Eucaristía para todos los fieles. Los hombres y mujeres que toman parte en el retiro, según su personal criterio y una vez atendidas estas sentidas palabras, hacia las once menos cuarto, pueden permanecer o no en sus lugares. Pueden, si así se quiere, acercarse a la capilla del Santísimo para la reflexión personal. O bien tomar parte en la Eucaristía. Una vez celebrada la Eucaristía, todo el mundo vuelve a sus lugares, para permanecer durante el espacio aproximado de una hora ante el Santísimo expuesto en la Custodia.

¿Qué pasa mientras tanto? Pues que la Merced tiene interés turístico y es faro para los peregrinos que se acercan. El paso al camarín permanece cerrado, tal como procede litúrgicamente. ¿Que contempla un turista o un peregrino? Pues unos fieles, mujeres y hombres, de diferentes edades, en sentida Adoración a Nuestro Señor. Desde el banco no se puede ver qué pasa detrás. Se puede notar la entrada de personas al templo.

Sin ir más lejos el pasado día 10 de octubre se notó un murmullo admirable. La de un grupo de peregrinos o turistas que entraban en el templo. No pudieron hacer la visita turística que querían hacer. Permanecieron un buen rato en los bancos del fondo en silencio y arrodillados ante Cristo Sacramentado. El silencio y la oración atraen, aunque no sea lo que se busque en el momento en que uno encuentra una iglesia doméstica adorando al Señor. En todo momento la Virgen, en la advocación de la Merced, está presente.


12/11/2015 09:01:00