Queridos amigos:

Este año jubilar de la Misericordia lleva nuestra mirada hacia «Jesús, la Misericordia hecha carne, que hace visible a nuestros ojos el gran misterio del Amor Trinitario de Dios.» (Papa Francisco)

Un año para contemplar la Miseri-cor-dia: El corazón de Dios que visita, habita, sana nuestra miseria con su ternura entrañable. Un año para aprender a vivirla.

Queremos compartir con vosotros algunos encuentros que brillan en nuestros corazones como estrellas en la noche. Hemos encontrado testigos de Esperanza, de Misericordia, en este mundo de hoy tan herido por tantas violencias.

“Es de noche y, a estas horas, en vísperas de las fiestas, el ambiente del barrio Gótico empieza a “animarse”. Adrián llega con su perro cuando estamos a punto de entrar en casa. Ha corrido para alcanzarnos: «Hermanas, ¿no habéis visto a ese niño en la calle? Va solo, he visto que estaba enfermo, sólo lleva una bolsa, muy pequeña.» No, no lo habíamos visto. Hacía un momento, Adrián nos había hecho un signo con la mano y habíamos creído que era un simple saludo. Adrián nos apremia preocupado: «No, no era un saludo, era ese niño, ¡es mucho más importante! Un niño de esa edad, por ahí solo, no es normal. ¡Venga, vamos, que se puede haber ido!» Y le seguimos en busca de ese niño. En camino, Adrián continúa: «Le he preguntado dónde vivía y me ha dicho “no lo sé.” Yo creo que está en la calle. Yo era así cuando me marché... tenía su edad, unos diez años. Había problemas en casa; entonces, te coges tres o cuatro cosas que, a esa edad, te parecen útiles y te vas...» Buscamos, pero no encontramos al niño. Finalmente, a lo lejos, vemos cómo el niño conversa con dos policías y, a continuación, se va con uno de ellos. Pero a Adrián no le basta, nos envía a hablar con el otro policía y a verificar qué ha pasado con él. «Mi compañero ha ido a acompañarlo a casa, vive aquí cerca», nos dice el policía con gran amabilidad mostrando la dirección. Volvemos donde nuestro amigo nos espera. Ahora Adrián sí se queda aliviado y él mismo puede ir a buscar un lugar donde descansar, él, ese niño que nunca volvió a casa pero que no ha dejado que la indiferencia congele su corazón. Gracias, Adrián, gracias por haber cuidado de este niño, gracias por haber abierto nuestra mirada para poder verlo."
(Hermanitos del Cordero)


28/01/2016 21:23:00