Con la proximidad de una de las fiestas más importantes del año, la Navidad, uno se pregunta ¿qué es exactamente? Es sencillo responder a esta pregunta, pero si la personalizamos, si la variamos un poco -¿qué es para mí la Navidad?- podemos descubrir que las dos respuestas no acaban de coincidir coherentemente. La Navidad es un tiempo de alegría y de amor. Es un tiempo de reunirse con la familia y amigos, y sobre todo, de reunirse de nuevo con Jesucristo, de redescubrirle en toda nuestra vida.

Por eso es tan importante cuidar las tradiciones que nos recuerdan el verdadero significado de la Navidad: montar con cariño y cuidado el Belén, cantar villancicos... Podemos encontrar a Jesús en estos símbolos y por eso son tan importantes, pero vivir la Navidad no se restringe a esto únicamente.

También encontramos a Jesús en los que nos rodean; en ese familiar que está preparando la comida de Navidad y al que podrías ayudar, en ese otro que no ha traído lo que le tocaba y en esa sobrinita que no deja de llorar.

Pero aún falta el lugar más importante, donde no solo encontramos al Señor sino que participamos de un encuentro personal con Él: en la Eucaristía. Al igual que en todas las otras fiestas, es primordial redescubrir durante la Navidad la presencia real de Cristo en la Eucaristía: acercándonos a comulgar con el corazón limpio y especial devoción, arreglándonos especialmente para asistir a la Santa Misa, prestando atención durante esta... Haciendo todo aquello con lo que demostremos al Señor que la Navidad y nuestra vida gira en torno a ese encuentro constante con él.

La Navidad es, entonces, un encuentro con Jesús, nacido en Belén. Y a nivel individual debemos procurar que así sea, redescubriendo en todo lo que nos rodea.


29/12/2015 09:00:00